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Viernes, Octubre 10, 2008 9:43 PM
Este artículo fue publicado originalmente
en julio de 2003 en la revista Guantes de New York. Con motivo
del 50º Aniversario de la consagración de Pascual
Pérez, se lo recrea en este sitio.
PASCUAL PEREZ, EL
PEQUEÑO COLOSO DE LAS PAMPAS
Por Claudio Coronel
Especial desde Buenos Aires, Argentina.
claudiocoronel@hotmail.com
Siempre que se piensa en la Argentina boxística
se le asocia una figura por añadidura: la de Carlos
Monzón. Sin embargo, hubo un pequeño gigante
que tal vez pueda hacerle sombra en los pasillos de la historia.
Ese diminuto coloso no fue tan popular como el ex campeón
mundial mediano pero será siempre recordado como el
pionero en lo que a monarcas argentinos se refiere. Pascual
Pérez -de él se trata- tuvo una brillante carrera
pugilística. Completa, no solo profesionalmente, también
en el ámbito amateur. Este año se cumple el
55° aniversario de su consagración en los Juegos
Olímpicos de Londres, donde se alzó con la medalla
de oro entre los moscas. Era su primer paso internacional,
luego vendrían otros.
Fue el único boxeador argentino que obtuvo la máxima
distinción entre los aficionados –Campeón
Olímpico- y los rentados –Campeón Mundial-.
Sin dudas Pérez fue el mejor mosca de la década
del 50 y es por eso que las revistas especializadas lo consideran
siempre entre los cincuenta mejores boxeadores de toda la
historia. Otorgaba increíbles ventajas de peso y estatura:
medía 5 pies y se presentaba entre las 105 y 110 libras
en tiempos en que las categorías mínima (105
libras) y minimosca (108) no eran siquiera un proyecto de
los jerarcas del boxeo. Diferencias anatómicas al margen,
logró un record impactante: 84 –7-1; 57 KO. Quienes
lo vieron en acción aseguran que “pesaba como
mosca pero pegaba como ligero”. Por lo menos eso fue
lo primero que escuchó este joven cronista en sus inicios
cuando habló con colegas más experimentados
sobre el gran Pascual.
“Pascualito” fue el menor de 9 hermanos. Nació
el 9 de mayo de 1926 en el Valle de Tupungato, Mendoza, al
noroeste de la Argentina, sobre la Cordillera de Los Andes.
Fue un peso completo amigo suyo, Francisco Romero, quien lo
inició en el boxeo. En 1944 comenzó su trayecto
amateur en el que ganó 16 torneos, entre ellos 5 argentinos,
3 latinoamericanos y por supuesto la medalla de Oro en Londres
48. Para consagrarse rey olímpico superó al
filipino R. Adolfo por KO en 2 rounds, al sudafricano D. Williams
por KO en 3, al belga Alex Bollaert por puntos, ya en semifinales
al checo Frantisek Majdloch por puntos y en la final –13
de agosto del 48- al italiano Espartaco Bandinelli, también
por puntos. Cuatro años después, en mayo de
1952, intentó ir por el bicampeonato olímpico
y se alistó en el torneo selectivo pero perdió
ante Francisco Galvano y quedó eliminado de la posibilidad
de obtener su pasaporte a Helsinki. El 14 de noviembre de
ese año se presentó por última vez como
amateur: venció por puntos a Pablo Rapretti y le dijo
adiós al mundo aficionado. Tenía 26 años
y aún mucho por lograr.
Su comienzo en el boxeo de paga fue es-pec-ta-cu-lar. Hilvanó
18 victorias consecutivas por nocaut a un promedio de 3,05
rounds por combate. Juan Bishop, el 22 de abril de 1954 en
el estadio Luna Park de Buenos Aires, fue quien frenó
su implacable racha de victorias categóricas al lograr
llegar a la distancia. En medio de esa serie de victorias
obtuvo la corona nacional de los moscas que se encontraba
vacante desde 1934. Tuvieron que pasar 19 años desde
el reinado del hispano-argentino Constantino Gutiérrez:
el 11 de noviembre de 1953, Pérez derrotó por
nocaut técnico en 4 asaltos a Marcelo Quiroga y se
apoderó del cinturón nacional.
Una iniciativa del presidente Juan Domingo Perón, por
vía diplomática, logró que el monarca
de las 112 libras, el japonés Yoshio Shirai, visitara
Buenos Aires en 1954 para realizar una serie de actuaciones.
La estrecha relación entre Perón y el gran Pascual
nació luego de la consagración de Londres. En
aquella oportunidad, Pérez le dedicó la victoria
al presidente y éste nunca olvidó ese gesto.
El 24 de julio enfrentó Shirai a Pérez en el
Luna Park sin exponer su reinado. Fue empate y la primera
muestra de que “Pascualito” merecía una
chance por el campeonato mundial. Por ese entonces se mantenía
invicto con una marca de 24-0-1; 23 KO. La presión
que significaba la buena actuación del argentino, sumada
a la labor de su manejador, Lázaro Koci; hicieron posible
la chance mundial, algo que solo había conseguido Luis
Angel Firpo -pionero del boxeo en el Cono Sur- cuando perdió
el 14 de septiembre de 1924 ante el gran Jack Dempsey por
KOT 2 en el Polo Grounds de New York, estando el campeonato
pesado en juego.
Cuatro meses y 2 días después del primer choque,
el 26 de noviembre, el estadio de Korakuen en Tokio fue sede
de la consagración mundial de “Pascualito”
ante 20 mil nipones. La victoria por puntos significó
la primera corona que un argentino se haya alzado en la historia.
El país se convulsionó. El diario Los Andes
de Mendoza tituló: “En brillante forma conquistó
Pérez el campeonato mundial”. La portada reflejó
la conquista: “Acreditó neta superioridad sobre
Shirai”; “El argentino tuvo a su rival al borde
del K.O.”. La crónica relató: “Pérez
derribó al campeón en el duodécimo round
por la cuenta de 8, y golpeó implacablemente a su rival
en el decimotercero, en el cual lo tuvo virtualmente noqueado
en pie. El argentino le alcanzó con potentes izquierdas
y derechas el cuerpo y Shirai sólo siguió luchando
casi por instinto”. El japonés, no bien concluyó
el combate, reconoció la superioridad del argentino
pero también solicitó la revancha. Perez, agradecido
por la chance que el ex campeón le había dado,
le devolvió la gentileza.
El 30 de mayo de 1955, Pérez viajó nuevamente
a Tokio aunque ahora en su condición de titular mosca.
Fue la tercera confrontación entre ambos y esta vez
el pequeño gigante de las pampas no dejó dudas:
en el quinto round dejó nocaut a Shirai y retuvo por
primera vez su cinturón. Le siguieron 8 defensas exitosas
más de la corona: derrotó a Leo Espinosa (la
primera pelea por título mundial en la Argentina, el
11 de enero de 1956 en el Luna Park), Oscar Suárez,
Dai Dower, Young Martín, Ramón Arias, Dommy
Ursúa, Kenji Yonekura y Sadao Yaoita. En el medio,
entre las exposiciones frente a Ursúa y Yonekura resignó
su invicto ante Sadao Yaoita –16 de enero de 1959 en
Tokio- en su pleito número 53 (51-0-1; 37 KO). El 16
de abril de 1960 “Pascualito” encontró
el final de su vida como rey de las 112 libras: el tailandés
Pone Kingpetch le ganó por puntos en Bangkok. Así
como en su momento Pérez le dio la revancha a Shirai,
igual fue el trato que Kingpetch le brindó a Pérez
y el 22 de septiembre de ese año lo volvió a
derrotar, esta vez por nocaut técnico en 8 giros en
Los Angeles. El argentino nunca volvió a intentar la
corona.
La carrera de “Pascualito” se prolongó
tres años y medio más. Rings de Manila, Panamá,
Bogotá y Guayaquil sirvieron de escenario para sus
posteriores confrontaciones. En su anteúltima pelea
enfrentó al ex campeón, el mexicano Efrén
“Alacrán” Torres, el 19 de octubre de 1963
en Guadalajara. Torres, por ese entonces una joven promesa
de 19 años, acabó con un veterano Perez de 37
al noquearlo en 3 vueltas. Finalmente llegó el adiós:
el 15 de marzo de 1964 en Panamá abandonó en
el sexto giro ante Eugenio Hurtado. Un mes después
anunció su retiro.
A pesar de haber sido un exitoso trotacuadriláteros,
el gran Pascual no se retiró con una cuenta bancaria
rebosante en dólares. Por caso, en su consagración
cobró apenas mil dólares. Su escaso carisma
y falta de popularidad hizo que ganara entre 30 y 40 mil dólares
por defensa. Tras el retiro, nunca intentó volver.
El 22 de enero de 1977, a las 2.45 PM, una insuficiencia hepatorrenal
fue demasiado. Su cuerpo, tan fuerte para resistir los golpes
de los mejores peso mosca de su época, tiró
la toalla y Pérez abandonó este mundo. Tenía
apenas 50 años. En 1995, el Salón de la Fama
de Canastota hizo justicia y lo incorporó a su selecto
grupo, el de los que caminan sacando pecho por los pasillos
de la historia
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