Andrés Selpa: siempre fue el malo de la película

Se recuerda a Andrés Antonio Selpa, el llamado “Cacique de Bragado”, como uno de los pugilistas más polémicos y resistidos en la historia del boxeo argentino, que entre las décadas de los ’50 y los ’70 protagonizó 218 peleas como profesional (record sudamericano) de las que ganó 135 (79 por KO), perdió 51 (solo 6 por KO), empató 29, con 3 sin decisión, a lo largo de 27 años ininterrumpidos de actividad en los que llegó a ceñir las coronas de campeón argentino y sudamericano de los medianos.

Archivo Diario Los Andes
http://archivo.losandes.com.ar/notas/2010/7/28/deportes-504917.asp

Selpa se ríe ante la lluvia de monedas tras el tercer choque con Lausse, el preferido del público.

Selpa se ríe ante la lluvia de monedas tras el tercer choque con Lausse, el preferido del público.

Por su forma de ser, su manera prepotente de comportarse, su histrionismo y desmedida soberbia, además de su estilo rústico y desordenado, aunque pegaba con inusitada potencia, se había hecho muy mala fama y el público habitualmente colmaba las tribunas del Luna Park con el íntimo deseo de que fuera derrotado, de que terminara de rodillas, de que perdiera por nocaut.

Siempre resultó el “malo” de la película y ni siquiera aquellos valiosos títulos lo ayudaron a ganarse el favor y respeto del aficionado, que nunca le perdonó sus desaires frente al zurdo Eduardo Jorge “KO” Lausse -el ídolo de los ’50, para muchos el antecesor de Carlos Monzón, años después-, con quien protagonizó uno de los duelos más encarnizados de que se tenga memoria.

Había nacido en Mar del Plata el 17 de enero de 1932 y la muerte lo sorprendió el 23 de enero de 2003, con serios problemas de salud y muy escasos recursos económicos, víctima de un paro cardiorrespiratorio, cuando se encontraba internado en el hospital San Luis, de la ciudad de Bragado, donde residía.

Seis días después de haber cumplido los 71 años el diario La Voz de Bragado le había festejado el cumpleaños en la residencia geriátrica La Casa de Mis Abuelos, donde vivía desde un año antes.

En sus últimos años de vida fue protagonista de varios hechos policiales; así por ejemplo el 14 de junio de 1986 le disparó cuatro veces a su ex esposa, María del Carmen Quagliaro, quien no le permitía visitar a sus hijos, causa por la que fue condenado a seis años de prisión y excarcelado en 1992.

En enero de 1995, cuando tenía 63 años volvió a estar entre rejas por maltrato a su nueva mujer, Olga Cuiña, 27 años menor que él. Al año siguiente en otra muestra de su carácter violento, golpeó a un hombre en un hogar para indigentes.

Triste destino

Sus biógrafos cuentan que en el ocaso de su carrera combatía con otros nombres en distintas plazas del interior del país. En esos tiempos subía al ring por necesidad, porque sólo boxeaba para tener un techo digno y un plato de comida caliente.

Se evoca además la gran capacidad que tenía para promocionar sus combates, como que en la década de los ’60 lucía un escandaloso teñido platinado y repartía volantes a la salida del subte anunciando que mataría al Puma Rivero, un adversario con el que polemizaba cada vez que se enfrentaban.

Otros testimonios sobre Andrés Antonio Selpa se encuentran en el libro Preludio de un Destino, en el que su autor comenta que al retirarse de la actividad se dedicaba a sacar fotos de las peleas que se realizaban en el Luna Park y que luego recorría las redacciones de los diarios donde las vendía apenas por monedas.

Se narra además que en otra época difícil de su existencia, cada vez más deteriorado y desmejorado, debió ser internado contra su voluntad en el neuropsiquiátrico Borda, en Buenos Aires.

Intenso duelo

Aunque se enfrentaron sólo tres veces en el profesionalismo, con dos victorias para Selpa y una para Lausse, la rivalidad entre ambos se convirtió en una de las más grandes del boxeo argentino, sólo comparable a los sangrientos combates que protagonizaron el Mono José María Gatica -popularmente conocido como el Tigre Puntano– y Alfredo Prada —con tres triunfos para cada uno—. Sin olvidar que entre 1953 y 1959 Ricardo González —Gonzalito— y Alfredo Brunetta llegaron a enfrentarse siete veces, apenas con un éxito para este último.

Selpa era un ignoto boxeador del interior, que había debutado como profesional en enero de 1951, cuando a comienzos de 1956, tras una dura disputa en la que se golpearon sin piedad, le ganó a Eduardo Lausse por puntos en Bahía Blanca. “Fue un milagro”, “Seguramente nunca más”, “Lausse espera la revancha” fueron algunos de los títulos publicados en las páginas deportivas de los diarios y revistas de la época que no se explicaban la derrota del popular Zurdo.

Lausse era el gran ídolo del boxeo argentino; entre 1952 y 1954 había ganado 15 peleas consecutivas por KO y después de sus exitosas campañas en los Estados Unidos se lo conocía como “El campeón mundial sin corona”, porque no se había cumplido la promesa de que se enfrentara al entonces titular de los medianos, Carl Bobo Olsen.

Lausse, que era pupilo de los hermanos Rafael y Celestino Tino Porzio, había derrotado a Ralph Tiger Jones el 13 de mayo de 1955 en la llamada “Batalla del Madison Square Garden”, en Nueva York, y tres meses después al ex campeón mundial Gene Fullmer. En el país del norte, de 15 peleas solo había perdido dos.

Último acto

En un artículo publicado en el diario deportivo Olé en 1998, el periodista Julio Ernesto Vila, especialista en boxeo, realiza un magnífico relato de las horas previas a la tercera contienda entre Selpa y Lausse, el último acto entre ambos, el 27 de setiembre de 1958, nuevamente en el Luna Park, ante el impresionante marco de 24.000 personas que habían ido a clamar venganza, convencidos de que de una vez por todas el Zurdo debía ganarle al rival que lo sacaba de quicio.

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Narra Vila que “al mediodía de un luminoso sábado la gente se movía alrededor del Luna Park como hileras de hormigas y clamaban por una popular, al costo de 30 pesos, que hacía rato se habían agotado”. Agrega que “la gente, ansiosa y expectante, llenó los bares y pizzerías circundantes hasta que llegó la noche. Todos querían que el Zurdo Lausse noqueara a Selpa, sólo cabía el esperado desquite del ídolo”.

Los comentarios recuerdan que en una muy mala pelea, sin caídas, Lausse ganó por fin, claramente por puntos, ante una multitud enardecida que pedía a gritos el KO. Conocido el fallo de la pelea, sonriente y desafiante, irónico y burlesco, en un desplante más, Selpa se sentó en el medio del ring, simulando que había caído por toda la cuenta, que el Zurdo lo había tirado.

Cuando esto ocurrió la reprobación que recibió fue mucho mayor aún porque el público enardecido, desde el mismo ring side, le contestó con una lluvia de monedas y billetes de dos y cinco pesos, que Selpa hizo como que recogía, pese a que aún tenía los guantes puestos y no podía sujetar las monedas. Aquel final fue uno de los más incalificables y vergonzosos que se recuerden en el historial del boxeo argentino.