Como un castillo de naipes

El chubutense no pudo frente a la sólida estrategia del ucraniano y entregó sus chances de ser el nuevo campeón welter junior del Consejo Mundial. Con su caída, se derrumbaron también las expectativas que su figura generaba tras el retiro de Maravilla Martínez.

Por Daniel Guiñazú
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libero/11-9445-2015-10-05.html

Postol a Matthysse

La derrota, rotunda e inesperada, de Lucas Matthysse por nocaut a los 2,58 minutos del 10 round ante el ucraniano Viktor Postol impacta en el futuro inmediato tanto del peleador chubutense como del boxeo argentino en su totalidad. En la madrugada del domingo y en Carson (California) Matthysse acaso dejó pasar la última oportunidad que le quedaba para subirse a los peldaños más elevados del negocio pugilístico internacional. Y el boxeo nacional vio desvanecerse a su figura más convocante y representativa tras el retiro definitivo de Maravilla Martínez, el ocaso de Omar Narváez y la ida virtual de la actividad de Marcos Maidana.

Llama la atención todavía, la manera mansa y resignada en la que Matthysse entregó la posibilidad de ser el nuevo campeón welter junior del Consejo Mundial. En el cierre de ese 10 asalto, recibió una derecha seca y justa pero no potente de Postol en su pómulo izquierdo, se derrumbó sobre la lona del ring del Stub Hub Center y ahí escuchó la cuenta final del árbitro Jack Reiss. Luego declaró que el impacto del ucraniano le había oscurecido la visión del ojo del mismo lado y que prefirió cuidar la zona ante la posibilidad de un desprendimiento de retina o una fractura del piso de órbita. Pero en verdad, esa fue la última imagen del naufragio. La derrota se había consumado bastante antes.

Porque Matthysse rara vez encontró la pelea. La ventaja de 11 centímetros de estatura que le llevaba Postol (1,80 m contra 1,69) le resultó indescontable. Y cuando logró escaparles a los incesantes jabs de izquierda del ucraniano que lo mantenían a raya, Postol negó el combate y amarró sin escrúpulos. Freddie Roach, su técnico, lo retuvo seis asaltos. Y lo fue soltando de a poco, seguro de que al argentino se lo irían devorando los nervios y la impaciencia y que sería presa fácil del boxeo largo del nuevo y sorpresivo campeón del mundo.

Ahí estuvo otra de las diferencias que explican el resultado. Roach es un estratega de nivel mundial, el técnico que eligieron Manny Pacquiao y Miguel Cotto por mencionar sólo a algunos de sus pupilos. Sabe armar un plan de pelea que potencie las virtudes y disimule los defectos de sus peleadores. Y sobre todo, sabe cambiarlo o ajustarlo según como vaya dándose el desarrollo de los combates. En cambio, Luis “Cuty” Barrera y Juan Martín Coggi son dos buenos tipos y dos grandes laburantes del boxeo. Pero no manejan los elementos técnicos imprescindibles para conducir a un boxeador con las pretensiones de Matthysse.

Ante el bloque mental y la frustración evidentes del chubutense, del rincón argentino no salió nada para cambiar la ecuación. Como sucedió en la noche de la derrota ante Danny García, no hubo plan B ante el fracaso del A. Tampoco, decisión rápida ni mirada aguda para replantear el rumbo. Matthysse empezó a irse de la pelea en el 8 tras una derecha corta detrás del oído que lo hizo girar sobre su eje. En el 10, nada de él quedaba sobre el cuadrilátero. Ni siquiera su corazón.

Habrá que ver ahora si Oscar de la Hoya y su empresa Golden Boy Promotions vuelven a hacer el esfuerzo de apuntalar el tercer regreso de Matthysse a los primeros planos. El argentino era la joya de una firma desmantelada por el ingreso del productor musical Al Haymon a las grandes ligas del negocio pugilístico y por las adicciones del ex campeón del mundo. A los 33 años, quizás intente una nueva aventura. Pero ya no contará con la fe ciega de los grandes jefes. Hay un dato incontrastable: ante Zab Judah, Devon Alexander, Danny García y ahora con Postol, Matthysse siempre perdió la pelea que tenía que ganar.

Estaba todo preparado para él. Se hablaba incluso de que sería el rival elegido por Bob Arum para el regreso de Manny Pacquiao en 2016. O que unificaría el título welter junior ante Terrence Crawford, el gran campeón de la OMB. Pero todos esos planes se fueron a la basura. Matthysse se rindió antes de tiempo. Y dejó desamparado a un boxeo argentino en el que las grandes figuras brillan. Pero por su ausencia.