Cuando las apariencias engañan

Por Gustavo Nigrell

Contradicciones y ambigüedades -por donde se mire- en la pelea del año, siguen dando tela para cortar, pese a la justicia del fallo. ¿Habrá revancha? ¿Lo merece Maidana? Sin nadie a la vista que le haga sombra, la sensación térmica exige un segundo duelo, sin por ello cuestionar al primero.

Por ejemplo, el Chino perdió, pero siente que ganó. Y la gran mayoría de los especialistas que opinaron en la encuesta de este medio (el 70 %), ganaron, ya que acertaron el resultado exacto (Mayweather por puntos), pero muchos sienten que perdieron, porque a casi todos el Chino los sorprendió, ya que hizo más de lo que esperaban.

Cuando las apariencias engañan

Es más, aquellos que pronosticaron una victoria suya, no se sienten defraudados.

Sin embargo, nadie coherente y fundamentado en una tarjeta idónea, habla de robo, mucho menos en USA. Pese a ello, todos hablan de revancha para setiembre. ¿Cómo se entiende en  alguien que perdió sin discusiones?

Una pelea emocionante, que pide revancha, que colmó con creces las expectativas, pero que técnicamente fue mala y sucia. ¿No suena incoherente?

Pelea llena de golpes, pero ninguno fue exacto, ni poderoso. No hubo caídas, ni trastabilladas. Ninguno estuvo sentido, y el único corte –de Mayweather- fue por un cabezazo. ¿No es extraño?

Decían que Maidana -terrible pegador para muchos-, si lo agarraba con una, lo noqueaba. Lo agarró con 221 –según COMPUBOX-, y ni cosquillas le hizo. ¿Cómo es posible?

Esto abre varias hipótesis: a) Mayweather no es tan intocable, b) Maidana no es tan noqueador, c) las estadísticas de COMPUBOX son inexactas, d) Maidana estuvo impreciso. De no ser así, entonces revela una verdad hasta ahora oculta: Mayweather es de granito.

Cabe pues aclarar la diferencia entre “noqueador” y “peleador”: el noqueador mide, espera, quizás hasta contragolpea. Y define de una sola mano, o al menos eso es lo que intenta.

El peleador, todo lo contrario. No mide, no espera, sale al palo y palo ciegamente, quiere guerra y no le importan mucho las que vienen, sino las que van.

En este contexto de definiciones, Maidana es un peleador. Así siente el boxeo, así se siente reivindicado –también lo siente la gente-, y en sus códigos internos, de macho, de peleador de esquina, ganó. Como pudo pelear, sintió que impuso su ley. De más está decir que en el boxeo los códigos son otros, no los suyos.

Lo curioso es que encontró a un Mayweather dispuesto a aceptar el trato. Acusado siempre de huir, de aburrido, de mezquino, de especulador, esta vez por alguna razón  –tal vez por autosuficiencia- decidió ante Maidana cambiar el guión.

Entonces, el rey de la defensa, el que nunca corre riesgos, el que recibe poco y nada y no da chances, peleó al peleador, o al menos le aceptó las reglas.

Con el ancho en la mano cantó envido. Por eso también Mayweather sintió que todo dependió de su voluntad, ya que en ese terreno, en el que peleó porque él quiso, primero sobrevivió, y luego prevaleció cuando lo dispuso, después de la segunda mitad.

Sin embargo, aún en la derrota, la gente valoró más lo de Maidana porque fue “él” y se identificó con su autenticidad, mientras que a Mayweather, promocionado como el Dios del boxeo, lo vieron “terrenal”.

¿Pero desde cuándo Mayweather es la excelencia imaginaria que se pregona?Mayweather no es Leonard. No es Alí. No es Hagler. Sin entrar en escalas, jamás resumió ninguna característica boxística de ellos.

Ganará mucha plata, será el mejor libra por libra del planeta, nadie podrá ganarle, pero eso no significa que sea un fenómeno, sino que en cada pelea hace un poco más que su rival y con eso le alcanza.

Pero nunca le dio una paliza a nadie, por peor adversario que fuera. Cuanto mucho, dio una lección de eficiencia, pero nada grandilocuente. No es que Maidana lo haya deslucido; muchas veces no lució y bajó abucheado.

Lo que nunca pasó fue verlo apremiado como el sábado, debatiéndose en pelea franca, aunque fuera con golpes que resbalaban en su cabeza, oreja, hombros y brazos.

El tema es que Chino no se achicó, no lo respetó. Peleó como en su primera pelea profesional, aunque en aquel entonces era más contragolpeador que ahora.

Lo que molesta es que tenga ese tic de mal perdedor, y ponga cara de que lo robaron –lo hizo además con Kotelnik y Khan-. Molesta, porque no es necesario. Porque un hombre de ley –como aparenta ser- deja que otros reclamen por él, sin por ello reconocerse derrotado.

Molesta porque el día que sí lo roben -o lo hagan contra un argentino-, su injusta queja de hoy le quitará efecto a la de mañana, quizás más justa.

Se admite como discurso para meter presión, nada más. Pero no sea cosa que en la revancha –que ojalá se le dé- Mayweather se disfrace otra vez de sí mismo y reviva un Leonard-Durán II, aquel desquite del polémico primer duelo, donde el boxeador de estilo (Leonard) perdió contra el peleador (Durán), en un resultado bastante más cerrado que éste, que nunca objetó.

Por eso molesta que lo haga Maidana, aunque él es quien le dice llorón a Floyd.