La tortuga y la liebre

Llega “The Moment”, el gran choque entre Maidana y Mayweather en el MGM Grand de Las Vegas. ¿Por qué tanta incógnita? ¿Por qué más entre los aficionados que entre los especialistas? Es que hay un duelo de estilos y contraposición de perfiles que excede lo boxístico, y hace que se tome partido por uno u otro, reivindicando una vieja puja en la historia de la humanidad.

Por Gustavo Nigrelli

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¿Quién no recuerda ese cuento infantil? Ese en el cual la liebre, confiada, vanidosa y arrogante, sabiéndose mucho más ligera que la tortuga, se burló de su lentitud y la dejó partir antes, subestimando la carrera.

La tortuga y la liebre

El resultado de la fábula y su moraleja son conocidas, pero por algo no perdió vigencia. No es que pueda ocurrir algo similar en la pelea del Chino Maidana y Floyd Mayweather, pero sin embargo está presente en cada acontecimiento donde alguien cree segura su victoria.

Es el fantasma de los superiores, los autosuficientes, y aquellos que abusan de sus virtudes despreciando las ajenas.

¿Podría ser ese síndrome el peor enemigo del yanqui? Históricamente, hay cierta tendencia a que se repita. Sin embargo, Mayweather suele hacer al revés, y en vez de dar ventajas, las toma. Incluso para esta pelea.

Eligió a Maidana porque su estilo le convenía. No le dio demasiado tiempo de preparación. Lo confirmó tardíamente, después de una pelea “grande” como la que tuvo con Broner, donde más allá del combate, lo duro fue su preparación.

Maidana es alguien con quien pudo negociar mucho mejor, por la diferencia de cartel. Y encima puede aprovecharle su buen “Momento” –de hecho, el título promocional de la velada es The Moment, en clara referencia a él- para darle más brillo a su reinado, a veces manchado por actuaciones abúlicas.

Pese a ser un pegador, el Chino le venía más cómodo que el inglés Amir Khan –por ejemplo-, más rápido, largo, alto, y de boxeo a distancia, que no hubiese ido en busca de Floyd, como él prefiere y seguramente hará el santafesino.

Más barato en cuanto a caché, menos condiciones que reclamar. Para colmo, campeón mundial welter AMB y flamante vencedor de su clon –Broner-, como para vengarse y mostrar los años luz que lo separa aún de sus probables sucesores.

Son demasiadas ventajas como para que el Pretty Boy se sienta confiado como pocas veces. A tal punto que esta vez no necesitó apelar a la guerra verbal, intimidación sicológica a la que acostumbra someter a sus rivales.

Tal vez fue una estrategia para realzar un poco más a su oponente, sabedor de que eso era más “negocio” y que de lo contrario éste se le debilitaría. Cuanto más infle a su adversario, más épico su triunfo.

Le reconoció peligrosidad y méritos como a nadie, y jamás le faltó el respeto. ¿O habrá sido para no estimularle su instinto salvaje y se le convierta en un boomerang, como le pasó a Broner?

Así las cosas, ¿por qué igual todos preguntan cómo saldrá la pelea? ¿Por qué tanta expectativa? ¿Por qué si fuera tan obvia, va a arrasar con el rating del día, y quizás del mes, al punto de ser considerado el evento deportivo más destacado del año sacando el Mundial?

En los Estados Unidos, y entre los especialistas en boxeo de nuestro país, pareciera no haber demasiadas dudas: una victoria del Chino es una utopía, al menos para la mayoría.

En USA las apuestas ampliaron la brecha de un 10 a 1 a un 12 a 1 en favor del yanqui.

Aquí persiste una clara tendencia del 70 al 30 %, tal vez algo más, del 75 al 25 para “Money”, aunque el 90 % de ellos cree que lo hará por puntos.

¿Cuál es entonces la motivación? ¿Por qué razón -si hay tanta seguridad en el resultado-, concita tanta atención y adrenalina?

Es que –como nunca- conviven dos resultados: el lógico y el del deseo, en el que Maidana gana por KO. De allí que todas las encuestas populares en las diferentes webs se contraponen a la lógica, y dan ganador al Chino.

En cualquier encuesta de las organizadas por redes sociales, el Chino es amplio favorito, incluso antes del límite, aunque allí vota el hombre común, no el especialista. Vota el público, y hasta lo hace anónimamente, donde libera lo que piensa, que por temor al ridículo no blanquea públicamente.

Es que, en el fondo, Maidana y Mayweather reavivan una vieja lucha. El bueno y el malo, el pobre y el rico, la lógica y el batacazo, el corazón y la mente.

Entonces se enfrentan el deseo y la razón. Eterno duelo social cuyo origen data desde que nació el mundo, y se reflejó en antiguos papiros con fábulas como éstas, que supo representar hasta Esopo en su época con un morbo tal, que por algo a la gente le sigue interesando. Y donde, oh casualidad, contra todos los pronósticos, aquella vez ganó la tortuga.