Llegó la hora de que ‘Chocolatito’ evalúe su futuro

Bernardo Pilatti | ESPN Digital
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El tailandés Srisaket Sor Rungvisai ratificó de manera espectacular su victoria de la primera batalla al vencer de nueva cuenta, esta vez con un terrible nocaut en el cuarto episodio, a Román “Chocolatito” González y así conservar su cinturón universal del Consejo Mundial de Boxeo en las 115 libras.

El tailandés despejó todas las dudas luego de aquella controversial victoria en la primera pelea y al mismo tiempo, se metió definitivamente en la élite de la categoría y dejó en el limbo el futuro boxístico del nicaragüense.

Fueron demasiadas cosas para tan pocos asaltos. Lo más importante, no obstante, fue develar las enormes incógnitas que traía consigo esta pelea y que les apuntamos en el análisis previo. El posible problema en enfoque de Chocolatito, la buena o mala asimilación a los cambios que le impondría su nueva esquina comandada por Sendai Tanaka y por sobre todas las cosas, su equilibrio mental y emocional.

González venía de una derrota que no fue, pero pudo ser y en la que se vio por momentos inferior a su rival y se agudizó aquella impresión de que las 115 libras están más allá de su techo. Decididamente esta no es su división. Le falta poder, le falta físico y sólo faltaba que perdiera el motor emocional para que los golpes de cualquier rival lo destruyeran.

Eso ocurrió en la noche del StubCenter. El nicaragüense se entregó. Ya en el primer asalto comprendió que enfrente tenía un rival confiado, duro, fuerte, rápido y con una estrategia imposible de superar.

Esa precariedad mental lo dejó expuesto a los golpes que llegaron por todos lados, con las dos manos de Rungvisai, hasta que en el cuarto asalto lo tomó con impactos durísimos y fue dos veces a la lona, la segunda para no levantarse.

La imagen desoladora de un ex campeón mirando a su esquina como pidiendo disculpas desde la lona fue la viva demostración de que allí se consagraban muchas cosas, entre ellas, los errores de gestión a su carrera.

La muerte de Arnulfo Obando, su entrenador de siempre, inició el camino que terminó en Carson City. Fue equivocado ir a la primera pelea contra Rungvisai y también lo fue ir de inmediato a la revancha. Era una duda, es verdad, pero el desempeño de “Chocolatito” demostró que fue un error que sus manejadores debieron prever.

Los boxeadores son figuras que crecen en su carrera a partir de los equilibrios, a partir del sentido común de quienes los guían. La muerte de un entrenador como Obando, de tanta influencia, necesariamente significaba un nuevo comienzo para la carrera de “Chocolatito”.

Debieron parar y evaluar el impacto para reconstruir lo que se hubiera roto.

No respetaron esa premisa, como tampoco imaginaron que las 115 libras podrían ser un límite imposible de superar y llevaron a González a Japón imaginando que la soledad, junto a la presencia de un entrenador experimentado, resolverían todas las ecuaciones.

La actuación del nicaragüense, su mirada extraviada en la esquina y el penoso desempeño en el ring demostraron lo contrario. Se equivocaron.

Pero, no sólo hubo errores del lado del ex campeón. Sor Rungvisai creció en su boxeo y trajo al StubCenter no sólo confianza de campeón, trajo un plan, trajo capacidad de golpeo, contundencia, efectividad y un volumen de precisión en sus golpes abrumador.

“Chocolatito” nunca logró responder de contragolpe ni tampoco alcanzarlo con sus golpes. Intentó en el primer asalto ir hacia los laterales como mandaba el manual, pero no pudo o no supo repetir los ensayos del campamento. Ni siquiera logró salir hacia la mano derecha de su rival para evitar su mano zurda. Por el contrario, se movió hacia esa mano, no encontró nunca un lugar por dónde colar un gancho a las costillas y peor que eso, cuando intentó entrar con la derecha, jamás encontró el objetivo.

Fue una torpeza avanzar por la derecha para soltar esa mano recta, cuando adelante hay un rival que lo espera con el pie izquierdo detrás y su mano dura lista para tomarlo al fallar.

El nocaut se vio venir tan temprano como en el segundo asalto. Era cuestión de tiempo. En el ring había sólo un púgil, el campeón.

Es difícil imaginar ahora que pasará con “Chocolatito”. Su carrera se encuentra bajo esa encrucijada del “sigo adelante o aquí me quedo”.

Deberá tomarse un tiempo y elegir. O se retira como parece indicarle su ánimo o mejor que eso, hace lo que debió hacer cuando murió Obando: tomarse un descanso, olvidarse por un tiempo del boxeo, recargar las baterías y dejar que el tiempo cure las heridas antes de decidir su futuro.

Victoria épica de ‘Gallo’ Estrada en inolvidable batalla
Ocurrió todo lo que le vaticinamos en la previa de esta batalla, excepto la inesperada caída de Carlos Cuadras en el décimo asalto.

No estaba en el libreto esa increíble combinación de Juan Francisco Estrada que logró descontar la diferencia en puntos para vencer de manera dramática por sólo un solo punto a su compatriota.

Fue una lucha de estilos en la que se sabía de antemano que quien impusiera el suyo debía llevarse la victoria. Quien lo consiguió temprano fue Cuadras, quien ofreció en la primera mitad de la batalla una brillante exhibición de boxeo técnico, rapidez, precisión, variedad de golpeo y un manejo del ritmo mediante sus desplazamientos que Estrada nunca logró descifrar.

El “Gallo”, no obstante y pese a verse superado en lo técnico, se mantuvo fiel a su plan y fue poco a poco haciendo ajustes hasta que logró establecer su distancia cómoda. Por un lado fue disciplinado en su defensa, hermética, difícil de penetrar y absorbió sin problemas gracias a su asimilación.

En ataque, cuando logro la distancia, supo trabajar sus golpes de poder y el dibujo de la pelea cambió. Los mejores golpes fueron de Estrada, así como su disposición ofensiva favorecida por el esperado cansancio de Cuadras.

“El Príncipe” viene con problemas para lograr el peso cómodo en esta división y este sábado subió en casi 130 libras a la hora de la pelea contra las 125 de su rival.

Faltó cardio y ante un agresor tan sólido y consistente como “Gallo” Estrada eso fue fatal. Para colmo, en el décimo llegó la caída y eso definitivamente le dio una victoria ajustada, pero merecida, a Estrada.

Es de esperar que ahora se cumpla la pelea obligatoria contra Sor Rungvisai, una batalla para alquilar balcones y que llega a consagrar el gran momento de la categoría.

Naoya Inoue luce a los ojos de EEUU
En la pelea semiestelar de la noche, el campeón OMB de las 115 libras, el japonés Naoya Inoue, hizo su presentación estelar en Estados Unidos ante un rival que no significaba ningún peligro como Antonio Nieves, quien, sin duda, fue elegido por sus características apropiadas para examinar el momento dl nipón.

El peleador asiático es un duro púgil de boxeo al extremo agresivo, sin especulaciones y cuyo objetivo siempre es golpear, lastimar y noquear. Es decir, terminar su trabajo temprano. Parece tener buena asimilación, al menos recibió algunos golpes duros y “ni mosqueó” por más que Nieves carece de pegada.
En ofensiva, el jab de izquierda de Inoue es simplemente de otro mundo. Lo utiliza como un martillo que lastima en cada impacto que conecta y por momentos lo repite a velocidad alucinante o lo transforma en gancho largo que busca llegar arriba o abajo.
Sorprende también su secuencia de golpeo. No son combinaciones, duplica con una mano y luego con la otra: cuatro golpes que a veces pueden ser hasta cinco en una sola secuencia y variando el lugar del impacto.
Naoya Inoue parece ser superior al resto en esta división, aunque esa sensación llega ante un rival demasiado inferior. Habrá que esperar su desempeño ante rivales de mejor nivel o en breve presenciar su arribo a las 118 libras, algo que desde hace algún tiempo se viene anunciando.

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