“Me gustaría ser como mi viejo”

Mauro Barrios, hijo de La Hiena, hará el sábado su segunda pelea. Separa la paja del trigo y dice que el ex campeón es su espejo: Me da muchos consejos

Por: Mauro Mariani

mmariani@ole.com.ar

https://www.ole.com.ar/boxeo/barrios-boxeo-hiena_0_1939006171.html

El ser el “hijo de” muchas veces suele ser una carga. Las constantes comparaciones y las presiones quizá juegan en contra. Pero Mauro Barrios, hijo de Rodrigo, la Hiena, ex campeón mundial súper pluma, no hace caso a esa pesada mochila. Se aleja del apodo de Hienita -y también del pasado tras las rejas de su progenitor, tema que pide no tocar-, no quiere vivir a la sombra de su papá. A los 24 años, busca hacer su propio camino. Sin embargo, sí escucha atentamente los consejos de su padre, quien lo acompañó en su debut profesional en noviembre (venció por nocaut técnico a Leonardo Báez) y se espera que esté el sábado en Villa Carlos Paz, donde Mauro hará su segunda presentación, con rival a confirmar.

Mauro Barrios con su papá Rodrigo, la Hiena.

“A mi viejo lo veo seguido. Obvio que cada uno tiene su rutina y yo ahora estoy sin teléfono, pero cuando podemos nos juntamos. Los problemas del pasado son del pasado (NdeR: Hace siete años, Alejandra, la madre, denunció que Rodrigo lo golpeó, y hasta difundió fotos). El boxeo viene de familia, el tío de mi papá, él, mi abuelo, cada uno en una generación; somos todos fanáticos. Me da muchos consejos”, asegura.

-¿Qué te dice?

-Que tenga constancia en el gimnasio, perseverancia. Me pide que arriba del ring deje todo, en eso pensamos parecido. Yo lo seguí de chico y me quedaron muchas cosas de él. Siempre recuerdo la frase que me dijo: “Cuando te cansás, la reserva está en los huevos y en el corazón”.

-¿Te ves parecido arriba del ring?

-Sí, en algunas cosas. Yo pienso un poco más, uso la cabeza; él era más eufórico, tiraba y tiraba. Igualmente mal no le fue, me gustaría ser como mi viejo. Tenía una izquierda tremenda, yo soy derecho, la tengo pesada. Mi papá es un ejemplo de rudeza, aguante, se entrenaba fuerte. Vamos a tratar de seguir su camino.

-¿Qué significa Pachorra Moreno, tu entrenador? Él te acompañó cuando tu papá estuvo preso.

-Es muy importante, compartimos muchísimas cosas juntos. Con él me entreno desde los 12 años y ahora tengo 24, así que imaginate. El gimnasio es como mi casa, voy desde que estaba en el carrito. Toda la vida me imaginé siendo boxeador, de chico jugaba a que lo era, siempre me gustaron los guantes.

-¿Cuál es tu sueño?

-Lindo debe ser ser campeón. Por lo menos quiero intentarlo. Voy a boxear en pluma, 57 kilos, una categoría menos que mi papá. Miro mucho boxeo, hasta peleas muy malas, ja ja.

-Hasta 2016 Jesús Cuellar fue uno de los campeones de la división.

-Sí, además él fue campeón mundial regular, lo que es más destacable. Es muy bueno, responsable, llegó por su condición. Lo conozco, guanteé con él. Jesús es un buen ejemplo.

-¿Qué esperás para este año?

-Me gustaría pelear todos los meses. Sé que es exigente, pero estoy metiéndole mucho. Sin esfuerzo no se consigue nada. Pero también hay que usar la cabeza, ser tranquilo y sereno, porque por un mal cálculo podés perder todo.

El pibe de Tigre va detrás de sus sueños. Sin importarle el apellido.

YO DIGO

Claudio Pachorra Moreno (entrenador de Barrios)

Él es Mauro

La mochila del padre la va a llevar por siempre, mucho piden que hasta pelee como él. Pero Mauro lleva muy bien ser el “hijo de”. Intenta despegarse, él es Mauro. Cuando comenzó en el boxeo nunca dijimos que era el hijo de la Hiena, siempre fue Mauro Barrios.

Es parecido al padre en cuanto a la agresividad, pero piensa un poco más, yo le recomiendo que tenga opciones. Es bastante certero, más técnico. Se está preparando muy bien, no paró en las Fiestas. Estamos perfectos para la pelea del sábado.

Andrés Mooney (Periodista cordobés)

Se empapó del estilo

Vestido con los colores de Tigre, lanzando golpes ampulosos, peleando a cara o cruz, y con mirada de pocos amigos. Aunque quisiera atenuarlo, el parecido entre Mauro Barrios y su papá se adivina arriba y abajo del ring. El pibe, que creció mirando al campeón, se empapó de su estilo y hoy lo ejecuta hasta de forma inconsciente. A los 24 años, su (enorme) desafío será demostrar que absorbió la sabiduría de un guapo del boxeo y que aprendió de los errores que a éste le costaron mucho más que el título del mundo.

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