Omar Narváez: “Al maestro con cariño”

El “Huracán” regresó con una victoria lucida ante el dignísimo Pichardo en Caseros y a los 40, va por la gloria absoluta

Por Edgardo Rosani (Morresi)
Director www.boxeo-boxing.com

La escena, para que usted la imagine, sería más o menos así; Sentado al borde del ring, con los brazos apoyados en el tapiz, estadio inexplicablemente semivacío, en un escenario similar al de mi casa –el Ce.De.M. nº 2 de Caseros- y sobre el cuadrilátero, el hombre que nos ha hecho lagrimear más de una vez, en las buenas y en las malas; Omar Narváez!

Ramón Cairo

Ramón Cairo

Este será un editorial diferente, distinto, como uno… Hace meses que no escribimos. No pregunte, no importa. Esta era la ocasión ideal para el retorno a una gran pasión; El boxeo y Omar Narváez!

El retorno del boxeador con más historia mundialista de Argentina no pasó desapercibido para éste escriba. Le tenemos admiración y respeto, en una simbiosis de sentimientos difíciles de explicar con palabras.

Sonó la campana y, desde el vamos, la actitud fue avasallante. Fue a buscar la pelea, como queriendo decirle a la vida; Acá estoy yo, el mejor! El campeón eterno! El más grande! No vale la pena ni comentar que hace cuatro días cumplió 40 años. Terminó el décimo asalto tirando combinaciones de golpes con un estado físico envidiable, estrenando su flamante nariz operada, demostrando que ahora podrá respirar como Dios manda.

El dominicano sintió que “El Huracán” se le venía encima una y otra vez, recibiendo factura de manos, con velocidad, traslación y movimientos laterales exactos. El patagónico partía con la derecha en punta, acorralaba al moreno y descargaba a ambos lados del cuerpo, a la cabeza y al maltrecho ojo –que desde el vamos- ya tenía en malas condiciones por algo similar a una conjuntivitis, estimamos…

Diez rounds de boxeo total, ideal para pasar en un gimnasio de boxeo y mostrarle a los novatos como se boxea. Fuimos a buscar al querido Carlos Irusta –reconocemos uno de nuestros pocos referentes y amigos en el ambiente- y el maestro sólo dijo una frase que lo dice todo “Lo llevó al colegio”. Más claro, imposible…

Volvió el gran Omar con calidad, enjundia y ganas. Despierta amor y, en algunos pocos, odio, como todos los grandes. Va por más, está en plenitud, quiere la gloria que le falta y sabe qué estimado lector, la logrará, no tenga dudas. Alguna vez la vida me enseñó que no importa los golpes que uno reciba, las derrotas o las caídas, sino que lo que verdaderamente importa, es la capacidad de reponerse sobre ellas. Todo dicho!

Salud querido amigo Omar, los ojos vuelven a humedecerse por alguna mezcla de situaciones límite que uno está viviendo sumado a lo que usted  provoca a éste escriba. Sólo voy a dedcirle algo, simplemente gracias maestro! Con cariño y la mano en el corazón…