Un poco de historia sobre el boxeo japonés

Por Lucas Velardez, Peleadores del Sol Naciente

Si tuviéramos que definir ciertas características del estilo de boxeo japonés, rápidamente se nos ocurrirían varios atributos que podríamos notar con solo observar dos o tres peleas en las que estuvieran involucrados contendientes orientales. Es seguro que destacaríamos el tesón, el continuo ataque y la constante entrega. Estos genes o rasgos tan comunes en su pugilato no son actuales, sino que datan del Japón imperial, donde el peleador, al no tener el sustento de algún ente regulador, sobrevivía como podía, luchando contra karatecas, yudocas e incluso luchadores de sumo. El boxeo, ese bárbaro deporte occidental, no tenía la disciplina y el estilo elevado de las artes marciales.

“Pistón” Horiguchi (142-26-15; 87ko), uno de los primeros héroes del boxeo japonés.

“Pistón” Horiguchi (142-26-15; 87 KO), uno de los primeros héroes del boxeo japonés.

En 1933, Emile Pladner, el afamado campeón pluma francés, recibió la noticia de la emergente ceguera en uno de sus ojos. Por esa razón su licencia para combatir en Europa fue suspendida, sin embargo no tenía en mente colgar los guantes y realizó una gira por el país de los cerezos en flor para promocionar el boxeo occidental. En una de esas peleas, el europeo se cruzó con el que sería el más representativo de los pugilistas del Japón imperial: Tsuneo “Pistón” Horiguchi. Este joven de 19 años era apodado de esa forma por su continuo golpeo contra el oponente, sin pensar en la posibilidad de plantear alguna estrategia defensiva. El encuentro entre el distinguido estilista y el brutal golpeador terminaría empatado luego de ocho rounds. Algunas semanas después, el galo declararía en Shanghái que los boxeadores japoneses eran duros y estaban en continuo movimiento, disparando golpes, no obstante, carecían de toda habilidad. El pugilato japonés no tenía disciplina y estilo para la técnica de occidente.

El desprecio de las artes marciales y el desplante del boxeo occidental no desanimó a los entusiastas nipones, que contaban con el mayor apoyo que podían poseer: el público. Horiguchi y los otros practicantes de boxeo comenzaron a gozar de gran popularidad. Estos atrevidos guerreros llenaban gimnasios en distintas prefecturas y sus grandes duelos agotaban las localidades de los estadios de béisbol. Los espectadores eran atraídos por la furia de los luchadores que sólo pensaban en atacar y complacer a los observadores.

Volviendo a la vida del Pistón; a medida que pasaban los años, y con muchos combates a cuesta, fue a probar suerte a Hawái, ya que los promotores de su país se enriquecían mientras él se empobrecía. Luego de varios combates en la isla, volvió a su tierra y alternó victorias con derrotas hasta retirarse. Uno de sus rivales declaró que Horiguchi no tenía poder en sus manos pero se imponía frente a sus adversarios por su tenacidad y el continuo movimiento de sus puños.

“Pistón” Horiguchi (142-26-15; 87ko), uno de los primeros héroes del boxeo japonés.

Horiguchi / Foto: archivo web

Eso que comenzamos a conocer en la década del treinta con los boxeadores imperiales, tuvo su más refinada expresión en la década del sesenta, con el modelo máximo del boxeador japonés: Masahiko “Fighting” Harada. La presión, el ataque como principal argumento, el continuo movimiento y el característico espíritu combativo, hasta llegar a la inmolación en el ring, eran sus atributos esenciales. Este combatiente, que se destacó en los pesos livianos, también tuvo un clásico duelo contra su antítesis boxística: Eder Jofre,” El Gallo de Oro”. Este brasileño de un depurado estilo y elegancia suprema, perdió su invicto de cincuenta  peleas frente a la potencia y la insistencia de Harada. Un año después, el japonés le volvería a ganar, al que es considerado por muchos, el mejor gallo de todos los tiempos.

Muchos de los boxeadores actuales no tienen la grandeza de estos púgiles de antaño, pero mantienen el característico espíritu de lucha. Algunos años atrás Daisuke Naito, un campeón correcto, expuso su corona mosca del CMB frente a un joven Koki Kameda, que en ese entonces, era la promesa del boxeo de su país. Todos lo tenían como claro favorito al muchacho de Osaka, que lograría la victoria. No obstante, Naito no bajó los brazos y frente al castigo recibido, opuso resistencia y disparó todo lo que tenía para perder con la frente alta.

Muchas veces el estilo japonés no es depurado y tampoco vistoso, ya que no es lo que persiguen dentro del ring. El boxeador nipón sube al cuadrilátero dispuesto a la batalla, y de ninguna manera se rendirá sin guerrear y dejar en alto su honor.

FOTO: archivo web