Una caída dura que jaquea el futuro de Matthysse

La derrota por KO ante Postol significó perder una oportunidad inmejorable; “No pasa por mi cabeza el retiro”, dijo el chubutense

Por Osvaldo Príncipi | Para Canchallena.com

Ed Mulholland / Getty Images

Ed Mulholland / Getty Images

Hay una diferencia sustancial entre la interpretación de una derrota en el boxeo de alto nivel, y una en cualquier otra disciplina deportiva, en donde -salvo el fútbol- ganar o perder, invita a buscar las variantes necesarias para una próxima oportunidad. En el pugilismo, muchas veces claudicar significa quedar afuera del “gran circuito”, resignando del día a la noche, la obra gestada durante muchos años de trabajo. Y no hay vuelta atrás.

La inesperada derrota por KO del chubutense Lucas Matthysse ( 63,200 kg), anteanoche en Carson, California, ante el ucraniano Viktor Postol ( 63,200 kg), en el décimo round, no escapa a éstos parámetros, y su corte decepcionante lo introduce en un panorama catastrófico para su presente y el de todos los intereses que representó.

La victoria de Postol, de 31 años, incómodo por su gran estatura, pero frío y sin grandes matices, es un gran descalabro para esta industria, que abría un gran camino para el argentino, cuya pegada demoledora sedujo a los aficionados norteamericanos. Pero todo esto se hundió, del mismo modo que ocurrió cuando Danny García, en 2013, lo frustró y lo alejó de dos objetivos que estaban muy cerca: Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.

“No me salió nada. Me trabé y no pude armar nada. Es una frustración, porque trabajé y entrené como nunca, pero no me salió lo practicado. Todo mal. Postol vivió su gran noche y lo felicito”, dijo Matthysse , que tuvo a su merced la posibilidad de reencauzar su carrera hacia lo máximo, pero sólo gestó su peor rendimiento desde que debutó en 2007 en Estados Unidos.

Integra una familia de peleadores de raza. Hasta su madre, Dorys, boxeó como amateur pasando los 40 años, para saber como era este oficio. Su padre, Mario, fue un buen peso welter; sus hermanos: Walter, ex retador mundialista, Soledad, actual campeona mundial, y su sobrino Ezequiel también integran esta comunidad deportiva. Lucas conoce bien los códigos de esta profesión.

Resignado pero no abatido, contó: “Sentí un pinchazo en el ojo por el 8° round y a partir de allí ya no veía bien, por eso decidí llegar hasta donde llegué, No hay excusas, ni por el rincón ni por nadie. Me preguntaron si debía ir al psicólogo por pensar así; digo que nadie se enferma por saber cómo debe ganar o cómo debe perder. No pasa por mi cabeza el retiro, pero ahora no quiero pensar en nada. Estoy frustrado.”

La pelea fue mala, enredada y quedará archivada en el olvido. Dos jurados llevaban un punto de ventaja para Postol y el restante – al igual que La Nación– una diferencia mínima para Matthysse, que sólo en los rounds 6° y 7°, conectó con plenitud al nuevo campeón welter junior del Consejo Mundial de Boxeo. No supo avanzar ni cortar el camino para pelear cara a cara. Y allí potenció sus límites.

Volvieron los viejos fantasmas de su fractura de pómulo que emergieron en la pelea con Danny Garcia, y fueron decisivos para quedar en la lona escuchando consciente la cuenta del KO, tras un cross derecho certero, pero poco explosivo.

¿De ahora en más que queda para él? Replantearse todo, preguntarse si hay posibilidades de volver al primer plano. Esta es una caída ruinosa que lo aleja de la gran competencia y que pone en duda cuál es la reserva física que le queda a un peleador como él, de 33 años, para quien el cuerpo al combate siempre fue prioritario. Ante Postol, fallaron los reflejos, el alma y el músculo. Algo categórico para un pugilista del que se esperaba lo mejor.

Con Matthysse, tambalea también la empresa de Oscar de la Hoya, que necesitaba imperiosamente su victoria para sobrevivir en el mundo del negocio, con una carta brava y ganadora.

El balance del boxeo nacional también se ve afectado, con una resignación manifiesta hacia los niveles competitivos supremos, mas allá de reservar, aún, tres campeones mundiales como Víctor Ramírez, César Cuenca y Jesús Cuellar.

Hay derrotas que, excepcionalmente, se convierten en catástrofes. Y Matthysse fue alcanzado por esta corriente.